LAS JUVENTUDES DE ESPAÑA.
Son muchos los problemas que las nuevas generaciones han de lidiar: alta tasa de desempleo, sueldos miseria, escasez de vivienda, mala atención sanitaria pese a los elevados impuestos… pero el que más me sorprende son los reproches. Si, los reproches, que vienen por quienes menos te esperarías en primera instancia: gentes que se encuentran en el meridiano de la vida, quizás superando más de la mitad de esta. Se les conoce entre los jóvenes como la generación “boomer”. Sí, como el chicle.
No han pasado desapercibidos varios comentarios no solo en redes sociales lanzados por gentes decrépitas e insatisfechas con sus vidas, sino que he llegado a escucharlos en conversaciones del día a día, por personas que tenía en alta estima porque les consideraba solidarios con el futuro de los jóvenes. Me hube equivocado.
Unas de las muchas desfachateces que tuve la desgracia de escuchar –o la suerte, ya que, si no lo hubiera oído, jamás o mucho más tiempo hubiese tardado en sacar este artículo– fue la acusación vil e incierta respecto a que los jóvenes somos unos vagos. Desconocía que la generación con más formación de toda la historia de España, con más nivel educativo, se le pudiera lanzar semejante reproche. También atisbé que se nos decía inconformistas. Aquí opté por esbozar una sonrisa burlesca: nos vemos obligados a compartir piso con cinco personas que no conocemos de nada, a 500€ la habitación más asequible, así como debemos compatibilizar trabajo con estudios para financiarnos nuestras carreras, másteres, proyectos de futuro o simplemente sufragar los gastos de dicha habitación. Pero si, al no estar cómodos con la situación y protestar por ello, somos inconformistas. Y ya la gota que colmó el vaso –que por poco hace que pierda los estribos– es la afirmación –según ellos– de que no queremos trabajar. No alcanzáis a imaginar la expresión facial que emplearon a afirmarlo, como si fuese un dogma que no tuviera discusión posible.
Fue unas horas después de esta conversación, cuando me di cuenta de algo: somos una generación engañada, profundamente, además, por las gentes boomer que participaban en esa conversación acusatoria. Nos dijeron desde que éramos niños: ¿quieres tener un buen futuro, una buena casa y un trabajo cómodo? Estudia, esfuérzate para que, en el día de mañana, tengas todo esto que se te ofrece. Se nos dijo que los impuestos eran algo fundamental, hecho dogmático que no podía tan siquiera tratar ya que, gracias a ellos, se nutría la educación, sanidad, carreteras, becas… Veinte años después de esa conversación que seguro todos hemos tenido o bien con nuestros progenitores, o con nuestros maestros, las carreras universitarias fueron finalizadas, formaciones profesionales concluidas, el dominio de más de un idioma, y nos encontramos que todo aquello eran meras mentiras, falacias. Nos han engañado.
Vemos que la generación “mejor preparada de la historia”, no puede independizarse, y solo lo consigue cuando los padres de este fallecen y a través de la herencia, heredan el piso. Qué curiosa realidad tan distinta a aquello que nos prometían: conseguir tu propia casa está estrechamente relacionado a la muerte de tus seres más cercanos y queridos.
Tampoco tenemos ostentosos sueldos pese a que nuestras labores son las que mantienen a la sociedad a flote, ya sea el caso de las enfermeras, ganaderos, agricultores, policías, diseñadores gráficos… Oficios que siguen con los mismos sueldos que hace 20 años, a diferencia que ahora, esos jóvenes dedicados a tales profesiones lidian con una vida aproximadamente el cuádruple de cara.
¿Impuestos para sanidad y educación? Vemos que nos retiran hasta los higadillos de la nómina, nos cobran el 21% de IVA en los productos, tasas municipales de basuras y un largo etcétera, para que veamos que nuestra sanidad va cuesta abajo y sin frenos, una atención insuficiente con medios anticuados de hace 20 años, una educación que no promueve el desarrollo intelectual, sino el hacinamiento en aulas donde se permite superar el curso con incluso tres suspensas.
Nada es como nos prometieron, todo era mentira.
Y esto es a lo que nos enfrentamos los jóvenes, no solo a estos problemas no causados por las nuevas generaciones, sino heredados por las anteriores, si, las mismas que despotricaban contra nosotros, la juventud, de la cual depende el futuro de su pensión de jubilación. Y como estos boomer no son estúpidos –aunque sí la generación más egoísta de la historia– está dispuesta a vender a sus nuevas generaciones al mismísimo diablo y hacer que esta trabaje doce horas con un sueldo penoso debido al embargo del 45% de su nómina para sufragar estos servicios públicos en decadencia y que la pensión de sus reprochadores sea abastecida.
Esta impotencia frente a un futuro tan oscuro, y no ver que tus antepasados al lado para trabajar codo con codo para la mejora de la sociedad española, sino en frente mientras te exigen que te deslomes y te culpan por la situación actual, achacándolo a que llegas justo a fin de mes porque “pagas el Netflix”, han llevado a nuestra juventud al más deprimente nihilismo, donde nada importa. Lo que deberían ser chavales y chavalas portadoras de una juventud sana, llena de sentimiento hispánico y alma de mejora, son gentes muertas con ojeras que ve como es la primera generación desde la guerra civil que vive peor que sus padres.
Por parte del gobierno tampoco se está fomentando este cambio, sino que se elude el problema, y cuando es muy gordo para ser ocultado, se intenta minimizar como si subsanarlo fuese cuestión de poca importancia.
Una sociedad sin filosofía en la que apoyarse, sin metas, sin objetivos, gobernada por un nihilismo destructor, es una sociedad caduca que encontrará más pronto que tarde su lugar en un nicho oscuro y frío. Es por eso por lo que se necesita de nuevo revitalizar el Estado, y esos portadores del cambio deben ser justamente los jóvenes despechados. Deben ser insuflados pon un nuevo objetivo, pon una nueva meta, y esta ha de ser la subsanación de todos los defectos que adolecen a la patria. Para llevarlo a cabo, son necesarias unas bases sólidas con las que fundamentar los principios nuevos del cambio: no se me ocurre nada mejor que un sentimiento puramente hispánico, una filosofía basada en las memorias que nos dejaron nuestros antepasados gracias a sus logros y gestas, pero sería un error grave basar el nuevo Estado en el pasado, porque es justamente aquello que hay que superar. Debemos, junto a ese pasado, poner la mirada en el presente, y dejar de añorar con nostalgia vestigios que nos precedieron, sino comenzar a construir con sus fundamentos unos nuevos, creando así el objetivo que la patria necesita.
Nos encontramos en qué justamente el Estado actual es el antónimo de lo que promulgo en este texto: está basado en un sistema caduco, creado para la generación pasada y no la nueva. Es un sistema democrático que ha dejado de ser sistema y nunca llegó a ser democrático. Ha sido una linda mentira que ha mantenido engañados a las generaciones pasadas bajo el convencimiento de que aquello era el verdadero desarrollo necesario que necesitaba el país, cuando lo que ha acontecido ha sido lo contrario: destrucción de industrias, abandono de nuestra agricultura y campos, subordinación a los intereses europeos decididos en despachos de Bruselas… Ante tal Estado, es la juventud la encargada de reemplazarlo, por mucho que los creadores del modelo pasado nos tilden de cualquier calificativo negativo. Pensad que, total, lo iban a hacer de todas formas… al menos, tomando ahora las riendas del nuevo Estado verdaderamente nacional e hispánico, podemos ser los verdaderos dueños de nuestro futuro y no títeres en un sistema tiránico y muerto como cárcel y boomers como carceleros, además de sustituir ese nihilismo destructor por una filosofía del desarrollo y el bienestar, marcando claros cuales son los objetivos comunes para alcanzar.
El Estado que eliminaremos es el creado por las generaciones pasadas, ya caducas como su modelo político; el que impondremos con vitalidad juvenil es el que marcará el camino a las nuevas generaciones, uniendo su suerte a la de la patria, fusionando tales conceptos en uno solo.
La diferencia entre un Estado y otro es sencilla: el estilo democrático europeo que se insertó en España en 1978 no fue algo creado en el país, sino que fue importado de nuestros vecinos, y ni tan siquiera se molestaron en adaptarlo a las complejidades de España. No puedes adoptar una constitución alemana y aplicarla en España, ya que este último es un acervo de costumbres, de lenguas y de razas que, como unión, forman ese gran vulgo de España.
No hay país europeo tan complejo como España, por lo que su forma de gobierno, leyes fundamentales y, sobre todo, supremas, han de ser españolas y no extranjeras.
Una vez recobrada la dignidad nacional gracias a un Estado verdaderamente nacional con intereses nacionales y colectivización de la sociedad bajo el marco nacional, será el momento en el que los jóvenes hayan encontrado una recta empresa con la que tratar las dolencias que el anterior método de gobierno les produjo.
¡EL FUTURO ES DE LOS JÓVENES!
¡VIVA LA JUVENTUD ESPAÑOLA!
¡ARRIBA ESPAÑA!