LA SUSTITUCIÓN DEMOGRÁFICA. Nº2

Publicado el 24 de julio de 2026, 18:34

Creo que nadie ha de extrañarle el problema que sufre España y a continuación lo pondré de manifiesto: la sustitución demográfica.

El número de inmigrantes que alberga España en la actualidad es del 1/4 de la población. Partiendo de esa base numérica, hay que tener en cuenta la reproducción de ese 1/4, el cual se estima de dos o tres hijos por familia. Este grupo lo comprenden en su mayoría, marroquíes y latinoamericanos (no entraré en si el ingreso al país de estos grupos fue a través de vías legales o no, ya que daría lugar a otro texto con unas conclusiones distintas, a las que pretendo alcanzar en este texto).

Por la parte nacional (tres cuartas partes de la población) la situación es muy distinta, bastante poco alentadora, de hecho. Nuestros mayores, un porcentaje alto dentro de ese 3/4, fallece. Nuestra población está sumamente envejecida. Otro punto en contra es la baja natalidad que tenemos debido a múltiples factores, pero los más destacables serían: la inestabilidad laboral, en alto precio de la vivienda (tanto alquiler como compra) y la evolución de la sociedad, donde el vivir en pareja, o tan siquiera tener una con el compromiso que conlleva, las nuevas juventudes, sobre todo, lo ven como algo a evitar.

En el ámbito laboral, los extranjeros no tienen problema, ya que muchos trabajan en “B” para compatibilizar el sueldo con las ayudas económicas estatales, así como las alimentarias que grupos como Cáritas les proporcionan. Con la vivienda ocurre algo parecido: muchos de los lugares donde residen son alquileres sociales, con su correspondiente reducción del importe total de la cuantía (si el alquiler está por 750 € para ellos serían 250 €) o pisos de protección oficial, donde le importa pagar es irrisorio y simbólico. Su última opción (una de las más populares, ya que así ellos lo muestran por las redes sociales) es vivir en pisos, cuyos huéspedes recomendables serían de unos cuatro o como mucho cinco, para terminar, ocupados por dos o tres familias y así poder costearse en su totalidad la mensualidad del piso por un precio nuevamente irrisorio.

Pero después de este último hecho, ¿siguen siendo más tendenciosos que los nacionales a tener descendencia? Pues me temo que sí, así es. Ellos proceden países donde las condiciones de vida son el doble o el triple de precarias que la última aquí mencionada y aun así procrean.

El sufrimiento que invade a toda mujer española frente a la posibilidad de un embarazo (el futuro de la criatura, que crezca en un clima propicio para su futuro desarrollo, la compatibilidad de la madre sobre si considera adecuado tener descendencia en ese momento de su vida…) a las latinoamericanas como las marroquíes en general, no gozan de estas preocupaciones señaladas: lo tienen, y lo que tenga que venir, que venga. Carecen de ese instinto de responsabilidad.

Al no tener problemas de vivienda y alimento, juntándolo con las características culturales y sociales tan diferenciadas de la España del siglo XXI, las hace tener un porcentaje en natalidad ampliamente superior al nacional

Eso significa que, si ya son 1/4 de la población, la nacional muere junto a las cifras bajas de natalidad que tenemos, debemos considerar y poner sobre la mesa la realidad de que se esté fraguando una sustitución étnica: de aquí a 20 o 30 años, según los datos (estimatorios) que mencionaba anteriormente, la mitad del país estará poblada de extranjeros con un trozo de plástico que les certifique de cara a las instituciones como “españoles”.

 

Una Patria es el reflejo de ciudadanos junto a la motivación de una empresa conjunta como nación, y se observas como les ha ido a Venezuela, Colombia, Bolivia… (Países cuyos ciudadanos emigran España) y vemos también homicidios por cada 100 habitantes en estos países, robos o secuestros, la cifra es desoladora al compararla con España de principios del siglo, donde la inmigración latinoamericana era la excepción y no la norma. Lo mismo ocurre con países como Marruecos, donde hay penas de prisión por el hecho de ser homosexual o también la segregación entre hombres y mujeres fomentado por el cáncer del islam, donde poco más y a estas últimas se las trata acaso algo mejor que a un perro.

Estos motivos aquí explico muy resumidamente (y sin profundizar  en el motivo de la desaparición de españoles, convirtiéndose el país en otra cosa, pero nunca en España) no podemos tolerar ni por un instante más la entrada de esta gente, ya que conllevará un mayor número de delincuencia (ya se está viendo en las grandes ciudades), en inseguridad, derroche económico, de fondos públicos en sanidad, educación y programas para la inserción de estos grupos en la sociedad (nunca o en casos muy concretos, se logra, ya que muchas de las creencias que traen aquí como costumbres, son incompatibles con la civilización europea), incluida subvenciones de todo tipo. No son españoles ni lo serán jamás.

Aunque no me estoy centrando mayormente en la nula o escasa integración de estos grupos que no se sienten españoles, aunque ya hayan nacido aquí, es uno de los motivos principales y fundamentales que potencian mi discurso en contra de su llegada, así como descendencia en territorio nacional, y a favor de la deportación de un número más que sustancial de ellos.

¿Por qué opino así? Porque nuestros intereses como ciudadanos españoles están subordinados a la Patria, una e indivisible, ya que, si esta prospera, escudo protector de todos los ciudadanos, estos lo harán con ella; sin embargo, estos inmigrantes al no España como Patria, están subordinados a sus países de procedencia o de donde vengan sus raíces, por lo que España pasa a ser un medio (el vivir medianamente mejor que en sus países de procedencia) y no un fin.

El futuro de la nación no es tan pesimista como lo he pintado: en toda tormenta, amigos y amigas, hay hermosas flores que aguantan las embestidas del viento, así como árboles centenarios que las cobijan debajo de sus copas, juntándose tradición centenaria con la juventud. Sangre nueva. No significa que el camino será fácil, sino todo lo contrario: tenemos enfrente a una clase política que no solo ha permitido esta invasión moderna, sino que la fomentado. Vecinos, familiares, los cuales no son conscientes del suicidio demográfico al cual nos aproximamos, este último grupo de compatriotas no hay que menospreciarles por tales pensamientos por muy ciegos o equivocados que puede estar, sino que hay que emplear con ellos compasión y diálogo para que con este último se les pueda argumentar el porqué de nuestro pensamiento y no solo argumentándoles, sino también demostrándole que no son ideas vacías o discursos sacados de papel mojado, sino con datos y estimaciones coherentes de cómo usar España de aquí a 30 años.

Con los compatriotas que sacan beneficio económico con esta situación (abogados que facilitan nacionalidades, “ONG” que colaboran de forma indirecta (quiero pensar), con mafias que organizan peligrosos viajes en y barcazas por Mediterráneo saliendo en su búsqueda; negreros que regentan negocios y prefieren la mano de obra extranjera antes que la nacional, porque esta primera no se les da de alta en el régimen de Seguridad Social). El caso es muy distinto: ellos mismos se han declarado enemigos de España y deben ser tratados como tal, como traidores. Cada uno libre de escoger su forma de actuar contra estos energúmenos, siempre y cuando sea respetando la dignidad humana, derecho inmutable a cualquier sujeto.

Es el momento de la juventud, que ésta tome partido sobre la situación, y me emociona que esta se levante en voz sobre todo aquí promulgado: están hartos de ver a sus padres trabajar como mulas para que haya un triste plato de comida sobre la mesa mientras los de fuera tienen más que los nacionales, sin partirse la espalda, ya que tras ellos tienen al “estado del bienestar “español, ese que da la espalda a los nacionales, como por ejemplo serían los autónomos.

También peleamos contra los traidores sentados en los puestos de poder, principales culpables de la contienda que se aproxima donde el color rojo teñirá las plazas de España.

La España de siempre se alzará triunfante, como tantas veces ha ocurrido en nuestra gloriosa historia.

 

Tiempos de lucha tiempos de España.  ¡Arriba España!